Desarrollo y Perspectivas del Trabajo Social en el Nuevo Milenio


TRABAJO PRESENTADO EN EL CONGRESO INRTERNACIONAL DE TRABAJADORES SOCIALES
SANTIAGO DE CUBA, CUBA, 24 AL 29 DE SEPTIEMBRE DE 2001

TOM JOHANNESEN
SECRETARIO GENERAL
FEDERACIÓN INTERNACIONAL DE TRABAJADORES SOCIALES
POSTFACH 6875, SCHWARZTORSTRASSE 20, CH-3001 BERNA, SUIZA
TEL (41) 31 382 6015, FAX (41) 31 381 1222

Estimados colegas,

Ante todo, quisiera agradecer a nuestra anfitriona, la Sociedad Cubana de Trabajadores Sociales de la Salud, por haber tenido la amabilidad de invitar a la Federación Internacional de Trabajadores Sociales (FITS) a esta Conferencia y por habernos dado la oportunidad de presentar este trabajo. Resulta especialmente emocionante estar aquí, con Cuba como nuevo miembro de la FITS, y poder conocer más sobre el trabajo social y la asistencia social aquí en su país, que tiene una historia singular y un lugar especial en el mundo actual.

El tema que me han pedido que exponga, "Desarrollo y Perspectivas del Trabajo Social en el Nuevo Milenio" , es ciertamente muy importante para nuestra profesión en estos tiempos.

Antes de adentrarme en el tema que me ocupa, permítanme hablar un poco sobre la FITS.

La FITS, cuyos orígenes se remontan al año 1928 y que fue fundada nuevamente en 1956, está compuesta actualmente por organizaciones de trabajadores sociales de 77 países de todo el orbe, con más de 485 000 miembros individuales. En la región de Latinoamérica y el Caribe contamos con organizaciones miembros en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, República Dominicana, Las Antillas Holandesas, Nicaragua, Perú y Uruguay. Es nuestra aspiración poder expandirnos hacia otros países de Latinoamérica.

Los principales objetivos de la FITS son:
1. Promover el trabajo social como profesión por medio de la cooperación a nivel internacional, en especial, en lo que se refiere a los valores profesionales, las normas, la ética, los derechos as principales tendencias de desarrollo que influyen en nuestro futuro.

A inicios de este siglo, lo que caracteriza al mundo, quizás más que cualquier otra cosa, es el proceso de globalización que adquiere cada vez más fuerza. La globalización es un resultado de la movilidad demográfica, el desarrollo de las comunicaciones, el marcado incremento del comercio y del flujo de capitales, y el desarrollo tecnológico. Se abren nuevas oportunidades para el intercambio de experiencias, que promueve un fecundo intercambio de ideas, valores culturales y aspiraciones. Sin embargo, esto es posible sólo para algunos segmentos de la población mundial. Muchos desarrollan sus vínculos internacionales, su forma de comprender a otras personas y sus habilidades para la comunicación. Al mismo tiempo, otros, en muchos países la gran mayoría de la población, sufren la pobreza, el desempleo y la desintegración social.

La situación de los niños es muy preocupante. En todo el mundo, unos 50 millones de personas han quedado desarraigadas; unos viven como refugiados en otros países y otros han sido desplazados dentro de sus propio país. La mitad de estas personas son niños. En el decenio pasado, dos millones de niños murieron en conflictos armados, un millón de niños quedaron huérfanos y seis millones resultaron heridos. Trescientos mil niños de ambos sexos van a las guerras como soldados, muchos son obligados a practicar la prostitución. El SIDA ha sido la causa de muerte de 3,8 millones de niños y ha dejado huérfanos a otros 13 millones. En los últimos cinco años, el VIH/SIDA se ha convertido en la mayor amenaza para los niños. En los países más afectados, la mitad de los jóvenes de 15 años morirán de esta enfermedad. Se estima que 1 200 millones de personas en todo el mundo sobreviven con menos de un dólar estadounidense diario. La mitad son niños. (1)

La FITS pronto publicará un manual sobre el Trabajo Social y la Convención sobre los Derechos del Niño, con la esperanza de que los trabajadores sociales puedan utilizarlo como herramienta para hacer lo que esté en nuestras manos para mejorar la situación.

En la literatura sobre trabajo y política social, con frecuencia se alude a la globalización, pero casi siempre de forma muy breve y se hacen pocas sugerencias innovadoras para enfrentar los retos que esta impone (2). Considero que debemos ver la globalización como una creación humana y política cuyo curso puede cambiarse, de manera que incluya no sólo factores económicos, sino también sociales y humanitarios. El concepto de globalización implica que, en estos momentos, las interacciones tienen lugar en un sistema supranacional, donde existe un solo mundo. Han aumentado notablemente las oportunidades de comunicación y se ha reducido el tiempo y el espacio. Las generaciones precedentes también vivían en un solo mundo, pero el tiempo y la distancia limitaban las interacciones internacionales y pocas personas estaban conscientes de que el mundo era un solo lugar. Estaban más identificadas con su comunidad que, además, definía su realidad. Aún vivimos nuestras propias vidas como individuos, pero son los vínculos con el resto del mundo los que definen nuestras realidades. Muchos sociólogos piensan vivimos en un mundo posmoderno caracterizado por la desindustrialización, la fragmentación social, el consumismo masivo y la apatía política.

En muchas sociedades de hoy, el centro de atención está en las carreras profesionales y las cuestiones financieros. Cuando hacemos de estos asuntos el centro de nuestras vidas, dejamos a un lado lo espiritual, humano y artístico de la vida, así como la experiencia de la naturaleza. Este desarrollo amenaza a la sociedad. Toda sociedad necesita un conjunto de valores comunes, una compresión común de la ética para que pueda mantenerse (3).

No podemos hablar sobre las responsabilidades del trabajo social, sin mencionar los derechos humanos, que están tan estrechamente vinculados con los valores básicos, la teoría y la práctica de nuestra profesión. Pero debemos ampliar el alcance desde la esfera pública, que es importante en sí misma, hacia la esfera local. Debemos enfrentar no sólo la violencia y la tortura por parte de los gobiernos, sino también la violación, la violencia doméstica, el maltrato de niños y ancianos; debemos luchar no sólo por la libertad de expresión en publico, sino también por la libertad de expresión en la familia; debemos luchar no sólo por la distribución equitativa de los ingresos en las sociedades, sino también por la distribución equitativa de los ingresos en los hogares; debemos luchar no sólo por mejores normas laborales en el puesto de trabajo, sino también por mejores condiciones de trabajo en los hogares, entre otros aspectos. (4)

Me gustaría señalar otro elemento que alarma a muchos países, especialmente en el occidente. Está relacionado con el hecho de que un segmento cada vez mayor de la población de hombres jóvenes constituye quizás el mayor problema social y económico. Estos jóvenes no tienen educación, no están calificados, son solteros y están desempleados. Los hombres, más que las mujeres, aprenden a comportarse en la sociedad mediante el matrimonio y el trabajo. Cuando se carece de ambas cosas, muchas veces el resultado es una vida al margen de la sociedad.

Durante los dos últimos decenios, el nuevo conservadurismo ha afectado algunos de los programas de asistencia social y, más preocupante aún, gran parte de la ideología de la asistencia social. En los Estados Unidos, y creo que sucede también en muchos países, la asistencia social nació gracias a los logros de las investigaciones científicas y se consolidó con el paso del tiempo. Pensemos en la repercusión de una de las figuras políticas más destacadas del siglo XX , el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt y su política del "New Deal" (Nuevo Acuerdo) (5). Al igual que muchos líderes hombres, Roosevelt siempre recibió un gran apoyo de su esposa, Eleanor Roosevelt, matrona de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

En la actualidad, la valoración menos generosa del potencial humano reflejada en el nuevo conservadurismo, parece llevarnos a un momento histórico. Es triste saber que mientras el inicio del siglo XX fue en los Estados Unidos un momento propicio para el desarrollo y la extensión de una mayor responsabilidad gubernamental con respecto a los problemas sociales, todo esto pudiera terminar a medida que nos adentramos en el nuevo siglo, con el debilitamiento del apoyo público a la seguridad social. Los trabajadores sociales están muy preocupados por lo que traerá o no consigo para la seguridad social el gobierno de Bush. Durante el gobierno de Clinton el trabajo social era parte de la solución; es posible que para el nuevo gobierno el trabajo social se considere parte del problema.

La asistencia social no es un concepto neutro, sino que está cargado de valores, emociones, y connotaciones que colocan a los asuntos morales y los valores normativos en primer lugar. En muchas partes del mundo, la noción de comunidad se ve amenazada en una cultura competitiva. Neo-individualismo se contrapone a comunidad y nosotros, como trabajadores sociales, necesitamos desarrollar sociedades que puedan contrarrestar la creciente idea de que cada persona es responsable sólo de él o ella; en este sentido, son importantes los programas educativos para los jóvenes. Si no hacemos esto, tendremos como resultado sociedades cada vez menos integradas y, por tanto, un mundo cada vez más inseguro. Existe sólo una forma de lograr una seguridad real, y no es mediante el uso de la fuerza y de las armas, sino mediante la construcción de sociedades no excluyentes y humanitarias. Como dirían los budistas: No se puede vencer al odio con odio. Sólo se puede vencer al odio con amor.

También necesitamos reconocer que quizás la tarea más urgente de estos tiempos es encontrar un equilibrio entre el desarrollo económico y el desarrollo social, y que este reto se comparta entre gobernantes, eruditos y profesionales de el trabajo social. Puedo recordar todavía al embajador australiano ante las Naciones Unidas, que afirmó en la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social celebrada en 1995 en Copenhague, Dinamarca, que el mundo no ha alcanzado aún un nivel de madurez política para entender esta realidad y equilibrarla.

Desafortunadamente, siempre ha habido personas en situación desventajosa. El mundo nunca ha sido justo, y no se ha logrado la igualdad. La pobreza y la exclusión siempre han sido parte de la realidad humana. Lo que ha cambiado es el grado de conocimiento que tenemos sobre esta situación. En nuestros tiempos, el nivel de educación y el acceso a la información es mayor que nunca en la historia de la humanidad.

Una edición dominical del New York Times tiene más información que la que un ciudadano promedio del Reino Unido del siglo XVII pudiera haber adquirido en toda su vida. En estas circunstancias, podemos esperar que el conocimiento forme parte de la toma de decisiones en mayor medida que en el pasado. Los trabajadores sociales tienen una responsabilidad específica: utilizar el conocimiento único que poseen de cómo viven las personas, y transmitirlo al resto de la sociedad, ya sea a los dirigentes, los medios de difusión o al público general. También necesitamos trabajar con las estructuras de poder existentes para promover, desarrollar y poner en práctica los cambios que se necesitan en los asuntos de política, planificación y derechos sociales.

Retomando el tema de la globalización, vemos que muchas personas le temen a este fenómeno que trae consigo el aumento de la migración internacional y de la colaboración política, pues creen que constituye una amenaza para las culturas locales, los empleos y los niveles de vida. En algunos países, quizás especialmente en Europa, el aumento del racismo contra los inmigrantes y refugiados es una grave manifestación de esta preocupación.

Las Naciones Unidas señala el hecho de que el envejecimiento de la población, el crecimiento lento de la economía, la distribución cada vez más desigual de los ingresos y el cambio de los patrones de la familia, han suscitado inquietudes fundamentales sobre el bienestar social en todos los países. Es muy diferente brindar asistencia social en algunas regiones, por ejemplo, en muchas partes de África, donde los pobres constituyen del 50 al 75 por ciento de la población, que hacerlo en los lugares donde los pobres constituyen de un 10 a un 15 por ciento de la población. Para muchos en el mundo en desarrollo, las grandes privaciones no son el resultado de una desafortunada caída de una posición acomodada a una menos acomodada, sino un estado crónico como resultado de no tener bienes para asegurar un ingreso. Además, es difícil diseñar un sistema de seguridad social donde los mercados financieros son atrasados, el empleo es ocasional y los beneficiarios son analfabetos.

En estas circunstancias, cuando es necesario darle prioridad a África en la agenda mundial, es lamentable que la ayuda internacional haya decrecido de 32 dólares estadounidenses por persona en 1990 a 18 dólares estadounidenses por persona a finales del decenio de 1990. Es necesario cambiar esto radicalmente y debemos entender de una vez y por todas, que la ayuda para el desarrollo no es una cuestión de caridad, sino una inversión vital para la paz y el desarrollo mundial. Se estableció que la ayuda internacional fuera el 0,7 por ciento del producto interno bruto anual del mundo industrializado, pero en estos momentos sólo es el 0,24 por ciento. La diferencia entre cifras se traduce en cien mil millones de dólares estadounidenses al año (6). Para millones de personas, esto representa la diferencia entre la vida y la muerte. La ayuda para el desarrollo no nunca fue tan necesaria. Cada año que pasa aumenta más el reto. En los próximos 25 años, seremos 2 000 millones de personas más en el planeta, 98 por ciento en el mundo en desarrollo. Al mismo tiempo se espera que la población de Europa se reduzca.

El año pasado, el 47 por ciento de la población mundial vivía en áreas urbanas. Para el 2020, se espera que la cifra alcance el 55 por ciento. En la actualidad, tenemos 20 mega ciudades, con poblaciones de más de 10 millones de habitantes. ¡Imagínense que en la Habana o en Santiago de Cuba vivan 10 millones de personas! Se estima que en el 2015 tengamos 26 mega ciudades, lo que traería consecuencias descomunales para el medio ambiente y la humanidad. La contaminación se acerca a magnitudes catastróficas en Asia, donde se encuentran 12 de las ciudades más contaminadas del mundo. Yo visité recientemente Dhaka, la capital de Bangladesh. Si tuviera que describir el aire, diría que me recordó a la avena cocida.

Los pobres no deben ser considerados como una responsabilidad, sino como el elemento creativo que contribuirá más que nada a erradicar la pobreza. La personas, y esto es una realidad también para todos nosotros como trabajadores sociales, no quieren la caridad. Quieren una oportunidad. Es fundamental un enfoque participativo para lograr el cambio, aunque al inicio tomé más tiempo y más recursos que los enfoques tradicionales. Otros elementos claves son los ambientes sustentables y los problemas de género. El papel de la mujer ha sido subvalorado durante mucho tiempo y actualmente sigue siendo así. Esto me hace recordar a un delegado africano de una conferencia, donde dijo: "En mi país, las mujeres realizan el 85 por ciento del trabajo y Dios, el 15 por ciento restante. ¿Qué hacen los hombres? Eso no lo sé".

También es importante que el desarrollo sea responsabilidad del país y para su propio beneficio. Los programas deben realizarse por y con las personas y no para las personas.

Se estableció un grupo de Metas Internacionales para el Desarrollo en las que se incluyen:
Reducir a la mitad, para el año 2015, la proporción de personas que viven en extrema pobreza
Alcanzar para el año 2005 la igualdad de géneros en la educación y
Brindar educación primaria a todas las personas para el año 2015.
Los gobiernos no pueden hacer esto solos. Todos los responsables deben trabajar juntos: las organizaciones no gubernamentales, las universidades, los grupos comunitarios y el sector privado.

Qué queremos decir con globalización? Nos referimos a un mundo cada vez más interrelacionado e interdependiente, donde el comercio, la inversión y las finanzas internacionales crecen más rápido que las economías nacionales. Nos referimos también a las tecnologías que ya han transformando nuestras capacidades para comunicarnos en formas que nadie hubiera imaginado hace algunos años. Nos referimos a un medio ambiente mundial, -la contaminación no tiene en cuenta fronteras y no pasa por las aduanas-, a las enfermedades transmisibles, al delito, la violencia y el terrorismo. Nos referimos a nuevas oportunidades para que los trabajadores desarrollen su potencial, pero también a crisis financieras internacionales, a trabajadores en países desarrollados que temen perder sus empleos ya que los negocios se trasladan a países que ofrecen mano de obra más barata con derechos laborales limitados. Nos referimos a trabajadores que se preocupan por las decisiones que afectan sus vidas y que son tomadas en lejanas oficinas centrales de las corporaciones internacionales. La globalización significa, entonces, tanto riesgos como oportunidades. No podemos echar atrás la globalización, pero necesitamos crear un instrumento para propiciar la inclusión, no el temor y la inseguridad. La globalización debe ser beneficiosa para todos no sólo para unos pocos felices.

Para asegurar que la globalización sea beneficiosa para todos, debemos tomar medidas. Y debemos hacerlo ya. Nunca ha habido mayores posibilidades, nuestro conocimiento sobre el desarrollo sostenible nunca ha sido mejor, los presupuestos de los países industrializados nunca han sido más fuertes, la tecnología nunca ha sido más dinámica y las metas nunca han estado más claras. Lo que necesitamos es voluntad política para sacar provecho de este momento de la historia. El tiempo apremia. Debemos ser la primera generación que actúe como ciudadanos de un mundo globalizado. Debemos asestar un duro golpe a la pobreza. Si no lo hacemos, no habrá ni estabilidad ni paz. El futuro depende de nuestro coraje y liderazgo.

Permítanme finalizar con una pequeña historia para ilustrar los retos a los que nos estamos enfrentando:

Antiguamente, un comerciante viajaba de ciudad en ciudad, cargando un gran baúl.
  • Qué vende? Le preguntaron los habitantes del pueblo.
  • Todo lo que deseen, dijo él.
  • Queremos paz, justicia, salud y ropa para abrigarnos, respondieron ellos.
  • Lo siento, dijo el mercader. No vendo las frutas, sólo las semillas.

Los trabajadores sociales profesionales deben adoptar una posición decisiva para que las semillas den frutos, y todos somos parte de este proceso de cambio. Pero el cambio debe ser beneficioso, no dañino. El cambio no es algo que nos está ocurriendo, sino algo que podemos provocar. Sólo si realizamos cambios podremos avanzar.

Muchas gracias por su atención.

(1) "Refugees", Tomo 1, número 122, 2001, Magazine of the United Nations High Commissioner for Refugees, Ginebra, Suiza
(2) James Midgley: "Globalization, Capitalism and Social Welfare", en "Social Work and Globalization", Edición especial de Canadian Social Work Journal para la Conferencia Internacional de FITS y la AIETS, en Montreal, julio-agosto de 2000
(3) Marion Gräfin Dönhoff: "Zivilisiert den Kapitalismus. Grenzen der Freihet" ("La civilización del capitalismo.Los límites de la libertad"), Deutsche Verlags-Anstalt, Stuttgart, 1997
(4) Jim Ife: "Local and Global Practice: Relocating Social Work as a Human Rights Profession in the New global Order", Eileen Younghusband Memorial Lectures, Conferencia Mundial de la FITS y la AIETS, Montreal, 31 de julio de 2001-09-28
(5) Robert L. Barker: "Milestones", NASW Press, Washington DC, 1999
(6) James D. Wolfensohn (Presidente del Grupo del Banco Mundial): "The Challenges of Globalization". Discurso ante el Parlamento alemán, Berlín, 2 de abril de 2001



page last updated on 21.10.2005